Mantenimiento veraniego de un bonsai de Boj (Buxus sempervirens)

Aunque la época estival no es la mejor para realizar labores de gran envergadura en nuestros árboles, sí es un momento idóneo para realizar ciertas tareas de mantenimiento que no supongan una situación de estrés para ellos. El artículo que ahora comparto es un claro ejemplo de ello y, en este caso concreto, tiene como protagonista a un Boj de mi colección.

El ejemplar se ha modelado por primera vez en 2.007 y año tras año ha ido madurando su aspecto. Aunque a comienzos de la pasada primavera (mes de marzo en Europa) ya había sido alambrado y definidas sus masas de verde, se hizo evidente al llegar el mes de julio que necesitaba de una nueva puesta a punto. El aspecto en ese momento era el que podéis ver en las siguientes fotografías (Fotos 1 y 2).

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Evidentemente lo primero que se suele hacer en estos casos es reducir la longitud de los brotes que han crecido en exceso, luego se procede a retirar aquellos alambres que comienzan a clavarse en la corteza. En este sentido no es necesario retirarlos todos, sino sólo los que sea necesario.

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En verano los bojs suelen estar cargados de frutos, que son minúsculos y escasamente llamativos, fotografía superior. Personalmente recomiendo retirarlos siempre, ya que no aportan nada reseñable estéticamente y, además, consumen cierta cantidad de nutrientes que el árbol podría emplear para crecer. Así es que uno a uno van siendo quitados manualmente.

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Aunque el Buxus sempervirens es una especie perenne, eso no significa que sus hojas sean inmortales, más bien todo lo contrario, con el tiempo se vuelven viejas, amarillean, dejan de ser funcionales metabólicamente y afean el aspecto de la planta.

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En esta situación lo más sensato, ya que estamos metidos en faena, es retirarlas, fotografía inferior. Hay que tener siempre presente esta circunstancia, no sólo en los bojs, sino en todas aquellas especies que nunca quedan desnudas. En muchas ocasiones he visto aficionados noveles muy preocupados porque detectan la presencia de alguna hoja amarilla entre una copa totalmente verde. Siempre y cuando su número sea reducido hay que tomarlo como un proceso fisiológico natural de la planta, nunca como síntoma de un problema. De todos modos estas plantas agradecen la administración de quelatos de hierro dos o tres veces a lo largo del año, más que nada para mantener en perfecto estado ese color verde tan bonito, característico de su follaje.

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En esta especie también 'pueden detectarse ramitas o brotes cuyo eje se torna de un tono anaranjado nada saludable, fotografía inferior. Mi experiencia me dice que cuando esto sucede esa rama, casi con total seguridad, terminará por secarse más adelante, por lo que es mejor proceder a su eliminación para no seguir contando con ella en el diseño del árbol.

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Tras las operaciones de mantenimiento descritas hasta ahora el aspecto de nuestro protagonista ha cambiado ya bastante, mostrando un perfil mucho más claro.

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Nunca falta algo que hacer en una colección de bonsái, incluso cuando creamos tener todo controlado y en orden puede ser un momento idóneo para hacer un saneado y limpieza en las zonas con madera muerta. En el caso que nos ocupa hoy había una zona en la base del tronco cuya corteza se había secado, pero que todavía permanecía adherida al mismo, fotografía inferior.

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Es siempre recomendable proceder a su retirada, dado que de lo contrario la pudrición de la madera puede avanzar a un ritmo muy rápido debajo de ella. En este caso me ayudo de una fresa un poco especial, acoplada a una miniherramienta eléctrica.

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El trabajo debe ser realizado en el mismo sentido de la veta de la madera y debe ejecutarse con suavidad para no crear zonas en las que la presencia de la herramienta eléctrica sea más que evidente. En un caso así el acabado no sería natural. Las siguientes fotografías ponen de manifiesto una terminación más que aceptable.

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En estas fotografías se aprecia con claridad que se ha llegado hasta la corteza viva, como pone de manifiesto la coloración verdosa del borde del corte.

Sobre algunas partes de madera seca de este boj, se había creado una gruesa capa de verdín, lo que afea su aspecto y provoca una degradación más rápida de las mismas (Fotos 13, 14 y 15).

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En estos casos una simple limpieza con cepillo suele ser suficiente, pero primeramente es recomendable remojar la zona para que ablande la suciedad. En mi caso utilizo un pulverizador y agua templada, nada más, fotografías inferiores.

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Luego paso el cepillo, fotografía inferior, aclaro nuevamente con agua templada y termino aplicando caldo sulfocálcico (líquido de jin) sobre la zona para su correcta protección.

Lo último que quedaría por hacer, en esta sesión de mantenimiento veraniego, sería volver a colocar algunos 

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alambres en aquellas zonas que lo necesiten, tratando siempre de conseguir una forma lo más definida posible. Al final el aspecto del ejemplar vuelve a lucir en todo su esplendor y está listo para volver a ocupar su lugar en el banco de cultivo. Durante algunos meses no habrá que volver a tocarle.

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