Rafael Rebollo Rafael Rebollo

Suiseki, contemplar la piedra

Entro en la reflexión, en el silencio de los minutos, en la inmensidad de las montañas que se alzan majestuosas y por un instante, tomo contacto con aquello que parece inmutable en mi, todo eso que no necesita preguntas, permanece, aunque me olvide de su presencia, en silencio convive con los torbellinos de mis pensamientos, con los vientos que devastan mis sentidos y la percepción de lo permanente...

Playa rocosa1En una pausa, recojo una pequeña roca y observo su superficie, paseo la mirada entre sus pliegues, distingo su color y tonalidades, la giro por sus contornos y la levanto en contraste con el cielo, que es testigo de mi contemplación, me parece una belleza, una manifestación única en el concierto de todas las cosas y algunas de ellas, cobran sentido para mi, tienen poder y me arrebatan de mis pensamientos y vacilaciones, para llevarme al solido mundo de la presencia. La roca tiene significado y en nuestra cultura se encuentra de manifiesto cuando hablamos de seguridad, de construir, de tope, de filosofía, de alquimia y muchas otras connotaciones, que tienen que ver con su influencia. A partir de la era de piedra, el hombre muestra la influencia en su historia, la que le dio abrigo, fuego, armas, herramientas y tantas otras.

Para los que supieron contemplar su belleza mas allá de toda utilidad, se les ha revelado como una presencia irrefutable, como lo revelara el mismo Jesús de Nazareth, al nombrar a Simón como Pedro (Cefas), es decir piedra y sobre esta piedra fundó su iglesia o las veces que se convirtiera en salvadora, al invocarla en el nombre de Dios, "pero es roto su arco violentamente y se aflojan los músculos de sus brazos por las manos del Fuerte de Jacob, por el Nombre del Pastor, la Piedra de Israel"(Gn 49, 24), o " Yahveh, mi roca y mi baluarte, mi liberador, mi Dios"(Sal 18, 3) o "Venid, cantemos gozosos a Yahveh, aclamemos a la Roca de nuestra salvación"(Sal 95,1) y también " y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo"(1 Co 10, 4).

Después de situarnos en el contexto histórico, que ubica a la roca como fundadora, piedra filosofal, salvadora, Presencia de Dios, etc....entendemos que los nombres de nuestros héroes y connotados hermanos, amigos, familiares y más, que nos han significado algo, sean grabados en la roca para que permanezcan en nosotros como testigos.

La cultura China da origen a la contemplación de "piedras paisaje" y los Sintoistas en Japón, acogen este arte incorporándolo a su filosofía de convivencia y apreciación de la naturaleza y de sus espíritus. Una roca con carácter estaba revestida de divinidad y era destacada del resto para su veneración.

Un jardin zen

Las rocas se integran al jardín como parte de la representación de islas o montañas y también por la singularidad o rareza de su conformación, en la búsqueda de la imitación de la naturaleza. El paso a las miniaturas fue natural y el lugar junto a los bonsái también, como un integrante más de la propuesta en conjunto, en el tokonoma, mas bien una ofrenda en el altar, que traía parte de la naturaleza al ámbito humano y por ende se transformó en abstracción, tanto que ya pertenecía a lo atesorado y venerado de generación en generación y de la atomización de lo inmenso pasó a la apreciación como sujeto.

No en vano superó el paso del tiempo y las diferencias culturales, para instalarse hoy en día como un Arte, que hace participar a gente de diversas culturas, e interactuar en torno a la apreciación de las rocas del mundo entero, en un marco de amistad y creando una corriente que tiene no pocos cultores.

Tomar algo que parece casi insignificante y tener la capacidad de ver lo esencial, es apreciar el cosmos como unidad, donde todo es pertinente y continente y contenido, participan en escencia del principio unitario, en consecuencia del ying y el yang y su síntesis.

También y en gran medida, es el cautivante misterio de la armonía de las formas, donde algunas capturan nuestra atención sin lugar a duda, excluyendo otro comentario, pura y simplemente por existir. Decidir dejar afuera a otras rocas que aparentemente no poseen grandes atributos, es muy humano y si uno pudiera elevarse por encima de los prejuicios, descubriría quizás que la manifestación de estas, van más allá de nuestro particular juicio. A pesar o a favor de nuestra condición humana, nos conmueve el simple hecho de establecer un punto de encuentro, tal vez algo escondido en nosotros, que tiene identidad en nuestro transitar y permanece presente.

SUISEKI

Un hilo de agua cantarina saltando en su fluir permanente, por la ladera de un monte o la laguna escondida en el silencio del paraje secreto y la montaña lejana, imponente, que recorta su silueta maciza sobre el azul vibrante. Evocaciones del lugar que añoramos y nos conecta a la presencia inefable, de la manifestación maravillosa de la naturaleza.

Ese placer que siento al caminar por lugares solitarios, donde me veo rodeado de estos pétreos testigos de innumerables años, sosteniendo mi transitar, buscando identidad con la forma, que satisfaga ese deseo de sacarla y llevarla conmigo, ese secreto deseo de poseerla y colocarla en convivencia humana, ese hallazgo fabuloso que es capaz de conmoverte, por la inamovible belleza que es revelada ante el testigo, ávido de la magia que lo haga desprenderse del suelo y volar.

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