Bonsai el Arte de la Paciencia

Estoy sentado frente a un árbol y dejo que mi mirada se interne entre los espacios, los recovecos entre sus ramas, la forma en que se yergue, la dirección que lleva, la intención de su crecimiento y como se abre hacia la luz. Es todo un mundo entre lo que vemos presente y lo que lo condicionó de esa forma, entre lo visible y lo escondido, que se deja adivinar sin manifestarse pero absolutamente determinante, en la manera integral que se expresa delante de nuestra mirada. Esto quizás suene a filosofía pero, en realidad es eso y más allá, puesto que es un fenómeno que nos afecta a todos por igual y en el caso del ser humano, es estudiado por disciplinas como la psicología, psiquiatría, antropología y otras tantas que tratan de encontrar, las causas que determinaron las conductas y acontecimientos sociales, en la evolución humana.

Aquello no presente pero de alguna manera influyente tan drásticamente en todos los fenómenos visibles, que nos da a entender, que existe una sabiduría primaria ante la cual, nosotros solo somos un pálido reflejo que estamos insertos en algo mayor. Esta sensación se podría entender como el inicio de la mirada consciente e implicante en el proceso creativo. Involucrarse entonces, en el acto coherente que significa la creación, es tomar en cuenta todo el objeto de nuestra contemplación, tanto en lo aparente, como en lo no manifiesto y desde ahí encontrar el dialogo con sus diferentes partes para a través de la armónica relación con su ser, crear algo nuevo, que será elevado a un nivel superior de belleza, expresión y comunicación artística.

Ahora por otro lado existe el juego espontaneo y exento de demasiada reflexión, que expresará todo el caudal de sentimientos, emociones y pensamientos para crear jugando, una nueva realidad, que nace de su manera de hacer,  en la que se acepta el juego del subconsciente y se deja abierta la puerta, para que se exprese con total libertad.

images_1Los monjes ya cansados de tanta intelectualización del bonsái, que recargó su tendencia en una época de su historia, volvieron a verlo como cercano a la inocencia, a la simpleza, a la pureza de concepción y alejados de lo recargado, denso y pomposo, crearon el estilo literato, en concordancia con su identidad y los conceptos filosóficos que los iluminaban. Pobreza, definitivamente, según como se mire, pues lo esencial prevalece y te refresca, es elegante sin ostentación, es clara y refrescante.

Esto nos devuelve a preguntar por lo esencial en el árbol que estoy llevando a la categoría de BONSAI y ¿con que cuento para hacer un buen ejemplar a partir de ahí?

Las posibilidades son muchas a partir de un primer estudio y una consecuencia podría ser, que al verlo detenidamente, consideremos que no tiene nada que aportar al mundo del bonsái, entonces lo desecharemos y lo dejaremos para el jardín. La pregunta que debemos hacer entonces es ¿en que estaba pensando cuando lo elegí? Aprender de los pequeños errores es parte del aprendizaje y hay que tomárselo como parte del proceso, sin renunciar a seguir tratando de encontrar el camino correcto. Luego de la reflexión que viene con el error se produce la puesta en positivo de la experiencia, es decir ¿que aprendí?  y ¿qué es lo correcto para elegir bien una planta? Es obvio que sacamos provecho de una situación negativa. Entonces encontramos un nuevo empuje hacia nuestro objetivo, la realización de nuestro bonsái. Esta primera etapa puede durar mucho o poco conforme a como me planteo mi aprendizaje y podrá ir mejor, si contamos con la guía necesaria para entenderlo.

Aprender con árboles comprados en viveros para paisajismo, no nos ayuda mucho en la consecución de buenos prospectos y es que al no ser preparados desde el principio como pre bonsái, tiene todos los defectos del caso como, ramas largas y tubulares o falta de conicidad, raíces gruesas y mal desarrolladas, etc. por lo que nos conformamos  con un material de segunda o tercera categoría dentro de lo elegible. A partir de esta realidad, el pensar en formar tu bonsái implicará, la perseverancia necesaria para llevar a cabo un plan de desarrollo, que durará varios años, donde se procurará estimular la salida de ramas, o el injerto si fuere necesario, el mejoramiento de las raíces o el acodo para producirlas, la creación de un nuevo ápice con todas sus ramas y la armonía de conjunto. Partir con un tipo de sustrato y abono donde la planta se prepara para engordar y crecer en armonía con las dimensiones deseadas para el diseño final pero dejándola vigorizarse y crecer libremente hasta conseguir a través de podas y trasplantes que las mejoras deseadas se vean cumplidas.

serissaNo se trata de tomar una planta que tiene una formación de ramas bajas y que podrían convertirse en las ramas definitivas, dejarlas como permanentes y no trabajar la estructura fina de estas, a sabiendas de que este tipo de ramas, no están en el camino correcto. Lo que si hay que hacer es, plantearse el compromiso de hacer las ramas nuevas, a través de podas reiteradas y otras técnicas, que permitan expresar el potencial real de un bonsái. Esto también tomara tiempo con lo que esto conlleva, que es la espera estación tras estación, de los cambios propuestos y que no siempre resultan como uno espera, llevando el tema a otro desafío más exigente, el de re-empezar. Todo tiene su ritmo y el bonsái es una muestra del hacer, junto con estos ritmos de la naturaleza y cualquiera que intente formar un bonsái, se dará cuenta de que sin respetar estas leyes, se encontrara en dificultades y hasta en el fracaso de sus propuestas de formación. Lo que hay que saber en este caso, es que en cada ley existe amor y este amor, es lo que hace que la sinfonía exista.

La belleza es una virtud, un regalo que se recibe, pero también a través del arte, se crea siguiendo misteriosos caminos, en los que no hay cabida para lo disonante, es al contrario la respetuosa lectura de esas leyes universales, que se convierten en inspiración y base, para proponer crear belleza en una forma nueva.  También existe esta fuerza misteriosa de la inspiración, presente en los corazones, de quienes ostentan la sabiduría de un niño, jugando con el universo en sus manos, maravillándonos con sus desplazamientos y pinceladas en el lienzo de la vida.

Entonces,  ¿cómo hacemos de nuestro trabajo una obra bella?, insertándola en un concierto de sonoridades,  a un acorde que despierte el sublime sentimiento de lo bello y que el ser humano,  que es depositario del arte, se conmueva, hasta percibir la mano de lo divino en su propio corazón. Este es en fin, lo que una obra de arte propone y es de acuerdo a esto, que no hay un camino fácil para conseguirlo. Es a través de la paciencia, el esfuerzo tenaz y la dedicación  además de la inspiración y la maravillosa gracia de nuestras bendiciones,  donde creamos un bonsái.

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